Stalin
Stalin «El autor de estas lÃneas recuerda muy bien —escribÃa Zinoviev en 1934, cuando la espada de Damocles pendÃa ya sobre su cabeza— qué acontecimiento fue la llegada de Stalin a Cracovia...» Lenin estaba doblemente satisfecho, porque, durante la ausencia de Stalin de San Petersburgo, podrÃa realizar su delicada operación allà y porque probablemente le serÃa posible hacerlo sin originar una convulsión dentro del Comité Central. En su concisa y cauta reseña de la estancia de Stalin en Cracovia, Krupskaia, como insinuándolo, observaba: «Ilich estaba entonces muy nervioso a causa de Pravda; también lo estaba Stalin. Estuvieron hablando sobre el modo de arreglar las cosas.» Estas lÃneas tan significativas, a pesar de su deliberada vaguedad, es todo lo que al parecer queda de un texto más elocuente retirado a instancias del censor. En relación con circunstancias que ya conocemos, apenas cabe duda de que Lenin y Stalin «estaban nerviosos» por diferentes motivos, cada uno tratando de defender su polÃtica. Sin embargo, la lucha era demasiado desigual: Stalin tuvo que ceder terreno.