Stalin
Stalin Zinoviev y Kamenev, que vivieron largo tiempo junto a Lenin, adquirieron no sólo sus ideas, sino hasta sus modos de hablar, e incluso el carácter de letra. No puede decirse otro tanto de Stalin. Naturalmente, también él vivía de las ideas de Lenin, pero a distancia, lejos de él, y no se servía de ellas sino cuando las necesitaba pata sus propios fines independientes. Era demasiado tenaz, demasiado obstinado, demasiado torpe y demasiado orgánico para adquirir los métodos literarios de su maestro. Por eso, las correcciones que Lenin introdujo en su texto, para citar al poeta, parecen «remiendos flamantes en destrozados andrajos». La exposición de la escuela austríaca como «una forma refinada de nacionalismo» es, sin duda, de Lenin, como muchas otras fórmulas sencillas y pertinentes. Stalin no escribía de ese modo. Con referencia a la definición de Otto Bauer, según la cual la nación es «una comunidad relativa de carácter», leemos en el artículo: «Entonces, ¿en qué difiere la nación de Bauer del “espíritu nacional” místico y vano de los espiritualistas?» Esta frase es de Lenin, Nunca, ni antes ni después, ha sabido Stalin expresarse así. Y en otro lugar, cuando, refiriéndose a las rectificaciones eclécticas de Bauer respecto a su propia definición de nación, el artículo comenta: «Así, la teoría cosida con hilos idealistas se refuta a sí misma», no puede uno menos de reconocer la pluma de Lenin. Lo mismo cabe decir de la caracterización del tipo internacional de organización obrera como «una escuela de sentimientos de camaradería». Stalin no escribía de esa manera. En cambio, en todo el artículo, a pesar de sus numerosos recovecos, es inútil buscar camaleones que adopten el aspecto de conejos, golondrinas subterráneas, ni cortinas de lágrimas: Lenin ha extirpado todas estas filigranas seminaristas. El manuscrito original con sus correcciones puede estar oculto, ciertamente. Pero es imposible de todo punto ocultar la mano de Lenin, como es imposible ocultar el hecho de que en todos los años de su prisión y destierro, nunca hizo Stalin nada que ni remotamente semeje a lo que escribió en el curso de pocas semanas en Viena y en Cracovia.