Stalin
Stalin La correspondencia de la plana mayor del extranjero adquirió un nuevo tono optimista. Krupskaia escribía a Shklovsky a principios de 1913: «Todos los contactos son algo diferentes de los de antes. En cierto modo se nota que uno trabaja con gente de ideas afines... Los asuntos del bolchevismo marchan mejor que nunca.» Los liquidadores, que se preciaban de su realismo y no más lejos de ayer se mofaban de Lenin como jefe de una secta degenerada, se encontraron de repente lanzados al margen y aislados. Desde Cracovia, Lenin vigila incansable todas las manifestaciones del movimiento obrero, registrando y clasificando todos los hechos que pudieran permitirle tomar el pulso al proletariado. De los detenidos cálculos hechos en Cracovia respecto a colectas de dinero para la Prensa obrera, se deducía claramente que en San Petersburgo el 86 por 100 de los trabajadores que sabían leer estaba en favor de Pravda, y sólo 14 por 100 al lado de los liquidadores; aproximadamente la misma proporción de fuerzas existía en Moscú; en las provincias atrasadas, los liquidadores estaban algo mejor, pero, en resumen, las cuatro quintas partes de los trabajadores progresivos simpatizaban con Pravda. ¿Qué valor podían tener los llamamientos abstractos a la unidad de facciones y tendencias, si la política justa opuesta a tales «facciones y tendencias» había conseguido, en el curso de tres años, congregar en torno al bolchevismo a la inmensa mayoría de los trabajadores avanzados? Durante las elecciones para la cuarta Duma, en que emitían los votos todos los electores, y no únicamente los socialdemócratas, el 67 por 100 de los representantes obreros se pronunciaron por los bolcheviques. Durante el conflicto entre las dos facciones de la fracción de la Duma en San Petersburgo, cinco mil votos fueron para los diputados bolcheviques, y sólo 521 para los mencheviques. Los liquidadores quedaron completamente deshechos en la capital. Una relación análoga de fuerzas se registraba en el movimiento sindical: de los trece sindicatos de Moscú, ni uno pertenecía a los liquidadores; de los veinte de San Petersburgo, sólo cuatro, los menos proletarios y menos importantes, se encontraban parcial o totalmente en poder de los mencheviques. A principios de 1914, durante las elecciones de representantes en las fundaciones benéficas para enfermos, los boletos de los candidatos de Pravda vencieron en toda la línea. Todos los grupos hostiles al bolchevismo (liquidadores, revoquistas, conciliadores de todo orden) resultaron ser completamente incapaces de arraigar en la clase obrera. De aquí extrajo Lenin sus conclusiones: «Sólo en el curso de la lucha contra estos grupos puede formarse en Rusia el verdadero partido socialdemócrata de los trabajadores.»