Stalin
Stalin En la primavera de 1914, Emilio Vandervelde presidente entonces de la II Internacional, estuvo en San Petersburgo para documentarse en persona sobre el conflicto de las facciones dentro de la clase trabajadora. El escéptico oportunista midió las controversias de los bárbaros rusos por el rasero del parlamentarismo belga. Los mencheviques, dijo a su vuelta, querían organizarse legalmente y solicitar el derecho de coalición; los bolcheviques querían exigir la inmediata proclamación de la república y la expropiación de la tierra. Este desacuerdo se le antojaba «más bien pueril» a Vandervelde. Lenin no pudo por menos de sonreír con amargura. Pronto sobrevinieron sucesos que hicieron posible contrastar sin error hombres e ideas. Las «pueriles» diferencias de opinión entre los marxistas y los oportunistas se extendieron gradualmente por todo el movimiento obrero mundial.
«La guerra entre Austria y Rusia —escribía Lenin a Gorki a principios de 1913—, sería una cosa muy útil para la revolución (en toda la Europa occidental), pero no es muy posible que Franz-Josef y Nikki nos den esta oportunidad.» Y, sin embargo, la dieron, aunque sólo año y medio después.