Stalin
Stalin Entretanto, la coyuntura industrial habÃa sobrepasado su, cenit. Los primeros temblores subterráneos de la crisis se comenzaba a sentir. Pero no detuvieron la marcha huelguÃstica. Antes al contrario, le imprimieron un carácter más agresivo. Poco más de seis meses antes de estallar la guerra, habÃa casi un millón y medio de huelguistas. La última explosión fuerte ocurrió la vÃspera de la movilización. El 3 de julio, la policÃa de San Petersburgo disparaba contra una muchedumbre de trabajadores. En respuesta a un llamamiento del Comité bolchevique, las fábricas más importantes se declararon en huelga en señal de protesta. Hubo unos doscientos mil huelguistas. Por todas partes se celebraban mÃtines y manifestaciones, y hasta intentaron algunos levantar barricadas. Entre el tumulto de estos acontecimientos en la capital que se convirtió en un campamento militar llegó el presidente Poincaré para dar los últimos toques a los tratos con su «coronado» amigo, y tuvo ocasión de atisbar de soslayo el laboratorio de la Revolución rusa. Pero pocos dÃas después el Gobierno se aprovechó de la declaración de guerra para borrar del mapa las organizaciones y la Prensa de los obreros. La primera vÃctima fue Pravda. La idea grata del Gobierno zarista era sofocar la revolución con una guerra.