Stalin
Stalin Igualmente espúreas son las referencias de los imperialistas a los intereses de la democracia y de la cultura. Puesto que la guerra se sostiene por ambas partes, no para defender la patria, la democracia y la cultura, sino por el ansia de repartirse el mundo y sostener la esclavitud colonial, ningún socialista tiene derecho a preferir un campo imperialista a otro. De nada serviría conjeturar, «desde el punto de vista del proletariado, si la derrota de esta u otra nación sería un mal menor para el socialismo». Sacrificar en nombre de ese supuesto «mal menor» la independencia política del proletariado es traicionar el futuro de la Humanidad.
La política de «unidad nacional» significa en tiempos de guerra, aún más que en tiempo de paz, la ayuda a la reacción y la eternización de la barbarie imperialista. Rehusar tal ayuda, que es un deber elemental socialista, no constituye, empero, sino el lado negativo o pasivo del socialismo. Eso sólo no basta. La tarea del partido del proletariado es divulgar «una variada propaganda de la revolución socialista, que abarque el Ejército y el teatro de la guerra, una propaganda que revele la necesidad de volver los cañones, no contra nuestros propios hermanos, los esclavos a sueldo arrancados a otros países, sino contra los Gobiernos y partidos reaccionarios y burgueses, de todos los países».