Stalin
Stalin Esta carta, manifiestamente influida por conversaciones con Spandaryan, ofrece en esencia muy poco, para justipreciar la posición política de Stalin. El proyecto Kropotkin, teórico de la anarquía pura, se hizo un furibundo chauvinista al comenzar la guerra. Plejanov a quien hasta los mencheviques repudiaron por completo, no hizo mejor papel. Vandervelde, Guesde y Sembat eran blancos muy visibles en su calidad de ministros burgueses. La carta de Stalin no hace la menor alusión a los nuevos problemas que por entonces ocupaban las mentes de los marxistas revolucionarios. La actitud frente al pacifismo, las consignas de «derrotismo» y de «transformar la guerra imperialista en guerra civil», el problema de formar una nueva Internacional..., tales eran los centros de rotación de innumerables debates. Las ideas de Lenin distaban mucho de ser populares. ¿Qué hubiera sido más natural en Stalin que sugerir, a Lenin su conformidad con él, si existía realmente tal conformidad? Si hemos de creer a Schweitzer, fue allí, en Monastyrskoye, donde Stalin se enteró de las tesis de Lenin. «Es difícil de expresar —escribe en el estilo de Beria— con qué sentimiento de alegría, confianza y triunfo leyó Stalin las tesis de Lenin, que confirmaban sus propias ideas...» ¿Por qué entonces no dejó traslucir absolutamente nada sobre estas tesis en su carta? Si hubiera trabajado independientemente sobre los problemas de la nueva Internacional, no habría podido evadirse de cambiar al menos unas palabras con su maestro sobre sus propias conclusiones, o de consultarle sobre alguna de las cuestiones más arduas. Pero nada hay que lo revele. Stalin asimilaba de las ideas de Lenin las que se ajustaban a sus propias miras. El resto se le antojaba la música indecisa del futuro, cuando no una remota «tempestad en un vaso de agua». Con tales perspectivas llegó más tarde, la Revolución de febrero (marzo de 1917).