Stalin
Stalin La carta expedida desde Monastyrskoye, pobre de contenido, con su tono artificial de airosa baladronada (¡el diablo me lleve!, ¡ja, ja!», etc.), revela mucho más de lo que su autor hubiese querido. «Es cansado esto, pero no hay más remedio.» Un hombre capaz de vivir una intensa vida intelectual no escribe de ese modo. «Si se le ocurre escribir, ésta es la dirección...» Un hombre que efectivamente aprecia un intercambio de ideas teóricas no escribe así. La carta lleva el característico triple sello: astucia, estupidez y vulgaridad. No hubo correspondencia sistemática con Lenin durante sus cuatro años de destierro, a pesar de la importancia que atribuía Lenin a contactos con personas de ideas afines y de su propensión a sostener relaciones epistolares.
En otoño de 1915, Lenin preguntó al emigrado Karpinsky: «Tengo que pedirle un gran favor: averigüe el nombre de “Koba” —(¿José Dj.?, no nos acordamos). ¡Muy importante!» Karpinsky replicó: «José Djugashvili.» ¿De qué se trataba: un nuevo giro, o una carta? La necesidad de preguntar para recordar su nombre demuestra en efecto que no había correspondencia continua.
El otro documento que lleva la firma de Stalin es una petición de un grupo de deportados al Consejo de redacción de un periódico legal dedicado a los seguros obreros.