Stalin

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Iremashvili comete un error indubitable al atribuir a José una conducta rebelde ya en la escuela de Gori. Soso sufría casi a diario, según él, castigo como cabecilla de las protestas de los escolares, y particularmente por gritar contra «el odioso inspector Butyrski». Pero los autores de las memorias oficiales, esta vez sin propósito premeditado, retratan a José como un alumno ejemplar, incluso en conducta, durante todos esos años. «Habitualmente era serio, perseverante —escribe Gogojiya—, y le disgustaban las jugarretas y las diabluras. Terminada la escuela, iba corriendo a su casa, y siempre se le veía enfrascado en la lectura de un libro.» Según el mismo Gogojiya, la escuela pagaba a José un estipendio mensual, lo que hubiera sido completamente imposible en el caso de haber faltado alguna vez al respeto a sus superiores y, sobre todo, al «odiado inspector Butyrski». Todos los demás autores de memorias sitúan el comienzo de los modales rebeldes de José en la época de sus días de Seminario en Tiflis. Pero, aun así, ninguno consigna nada alusivo a que participara en protestas ruidosas. La explicación de los fallos memorísticos de Iremashvili y los de algunos otros, con referencia al lugar y al tiempo de determinadas peripecias, está sin duda en el hecho de que todos los participantes consideraban el Seminario de Tiflis como continuación directa de la escuela teológica. Más difícil de comprender es el hecho de que ninguno, salvo Iremashvili, mencione rechiflas dirigidas por José. ¿Es una simple aberración de la memoria? ¿O es que José desempeñaba en algunos «conciertos» un papel encubierto, del que sólo unos pocos tenían noticia? Ello no estaría, ni mucho menos, en desacuerdo con el carácter del futuro conspirador.


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