Stalin
Stalin No se tiene seguridad en cuanto al momento en que José rompió con la fe de sus padres. Según el mismo Iremashvili, Soso, en unión de otros dos chicos de la escuela, cantaba gustoso en la iglesia del pueblo durante las vacaciones estivales, aunque ya entonces (esto es, en los últimos cursos de la escuela) la religión era para él cosa pretérita. Glurdzhidze recuerda a su vez que José, cuando tenía trece años, le dijo un día: «Sabes, nos están engañando. No hay Dios...» En respuesta al grito de asombro de su interlocutor, José le insinuó haber leído un libro en el que se demostraba que «hablar de Dios es vana palabrería». ¿Qué libro era aquél? «Darwin. Tienes que leerlo.» La referencia a Darwin añade un matiz de incredulidad al episodio. Un niño de trece años, en una ciudad remota, difícilmente podía haber leído a Darwin y sacado de su obra conclusiones ateístas. Según manifestaciones del mismo Stalin, emprendió el camino de las ideas revolucionarias a los quince años; es decir, cuando ya estaba en Tiflis. Verdad es que pudo haber roto con la religión antes; pero, asimismo, es posible que Glurdzhidze, trasladado también de la escuela teológica al Seminario, confunda las fechas, anticipándose en unos años. Repudiar a Dios, en cuyo nombre se perpetraban las crueldades de que eran objeto los alumnos, no fue seguramente muy difícil. En todo caso, la energía interna necesaria para ello se vio recompensada cuando los instructores y las autoridades sintieron hundirse bajo sus pies el fundamento moral. De allí en adelante ya no pudieron hacer violencia sólo por el hecho de ser los más fuertes. La expresiva fórmula de Soso, «nos están engañando», arroja una luz clara sobre su mundo interior, independientemente de la fecha en que la conversión tuviera lugar, y de que fuese en Gori o en Tiflis, uno o dos años más tarde.