Stalin
Stalin José no tuvo ocasión de abrir nuevos caminos en Tiflis, a pesar de los intentos de los Plutarco soviéticos para presentar el asunto bajo este aspecto. El golpe asestado por Dzhibladze, reverberaba aún dentro de los muros del Seminario. Los antiguos seminaristas estaban ya al frente de la opinión pública, sin perder contacto por ello con su madrastra, el Seminario. Bastaba una ocasión, un encuentro personal, un simple empellón, para que los jóvenes descontentos, irritados, altaneros, que sólo necesitaban un pretexto, una fórmula para encontrarse a sà mismos, derivaran naturalmente hacia la senda revolucionaria. La primera etapa por esta ruta tenÃa que ser una ruptura con la religión. Si es posible que de Gori llevase el muchacho consigo residuos de fe, de seguro es que se disiparan en el Seminario. A partir de entonces, José perdió decididamente toda su afición a la TeologÃa.