Stalin
Stalin «Su ambición —escribe Iremashvili— alcanzaba tales alturas que se nos adelantaba mucho en sus realizaciones.» Si esto es verdad, se refiere sólo a un lapso muy breve. Glurdzhidze advierte que de los estudios del programa del Seminario, «José preferÃa la historia civil y la lógica», ocupándose en los otros temas sólo en la proporción suficiente para salir airoso de los exámenes. Habiéndose enfriado respecto a la Historia Sagrada, se interesó por la literatura profana, las ciencias naturales y los problemas sociales. Le ayudaban estudiantes de las clases adelantadas. «Al descubrir en José Djugashvili capacidad y espÃritu investigador, comenzaron a platicar con él y a procurarle revistas y libros», relata Gogojiya. «El libro era el compañero inseparable de José, quien no se separaba de él ni durante las comidas», asevera Glurdzhidze. En general, la avidez por la lectura era su caracterÃstica principal durante aquellos años de germinación. Después de la retirada final por la noche, y de haber apagado los monjes todas las luces, los jóvenes conspiradores sacaban las velas de sus escondites y a su luz vacilante se embebÃan en sus libros. José, que habÃa pasado muchas noches sin dormir entregado a la lectura, comenzó a tener mal aspecto y a parecer soñoliento. «Cuando empezaba a toser —refiere Iremashvili—, yo solÃa quitarle los libros y apagarle la vela.» Glurdzhidze recuerda que los estudiantes devoraban a hurtadillas obras de Tolstoi, Dostoievski, Shakespeare, Shelley, la Historia de la Cultura, de Lippert, los escritos del publicista radical ruso Pisarev... «A veces leÃamos en la iglesia durante la misa, ocultándonos en los bancos.»