Stalin
Stalin Sin embargo, 1917 fue una etapa de suma importancia en el desarrollo del futuro dictador. Él mismo dijo más tarde que en Tiflis fue un escolar, en Bakú se hizo aprendiz y en Petrogrado oficial artesano. Después de cuatro años de invernada política e intelectual en Siberia, donde descendió al nivel de los mencheviques de izquierda, el año de la Revolución, durante el cual estuvo bajo: la inmediata dirección de Lenin, en el círculo de camaradas muy calificados, tuvo importancia enorme en su desenvolvimiento político. Por primera vez tuvo la oportunidad de aprender mucho que hasta entonces había estado fuera del radio de su experiencia. Escuchaba y observaba con malevolencia, pero atento y vigilante. En la médula de la vida política estaba el problema del Poder. El Gobierno provisional, apoyado en los mencheviques y en los populistas, camaradas de antaño en la clandestinidad la cárcel y el destierro, le permitió explorar más a fondo aquel misterioso laboratorio, donde, como saben todos, no son dioses precisamente los alquimistas. La distancia insalvable que en la época del zarismo separaba a los revolucionarios clandestinos del Gobierno, se había convertido en nada. El Gobierno pasó a ser algo contiguo, un concepto familiar. Koba arrojó de sí buena parte de su provincianismo, si no en hábitos y costumbres, sí al menos en lo tocante a sus ideas políticas. Advertía (acremente, resentido) lo que le faltaba como individuo, pero al mismo tiempo tomó el pulso a una compacta colección de revolucionarios expertos y capaces, dispuestos a luchar hasta el fin. Llegó a ser un miembro reconocido en la plana mayor del Partido que las masas iban a elevar al Poder. Dejó de ser Koba y se convirtió definitivamente en Stalin.