Stalin
Stalin «De muchacho y en su juventud —atestigua Iremashvili— era buen amigo de aquellos que se sometían a su dominante voluntad.» Pero sólo de éstos. Cuanto más imperativo era contenerse en presencia de sus preceptores, tanto más se afirmaba su despotismo en el círculo de sus camaradas. El círculo secreto, cerrado al mundo exterior, se convirtió en el escenario natural en que José probó sus fuerzas y la resistencia de los demás. «Le parecía algo inconcebible —escribe Iremashvili— que cualquiera de los otros estudiantes pudiera ser director y organizador de grupo..., ya que él leía la mayoría de los documentos.» Quienquiera que se atreviese a refutarle o a intentar explicarle algo, despertaba al instante su «enemistad inclemente». José sabía cómo perseguir y cómo tomar venganza. Sabía asestar el golpe en los puntos débiles. En tales circunstancias, la solidaridad inicial del círculo no podía durar mucho. En su lucha por dominar, Koba, «con su cinismo altivo y venenoso, inyectaba querellas personales en la sociedad de sus amigos». Estas quejas relativas a su «cinismo venenoso», su insolencia y su carácter vengativo, se repiten muchas, muchísimas veces durante la vida de Koba.