Stalin
Stalin José Djugashvili no sólo no se hizo pope, como su madre había soñado, sino que ni siquiera obtuvo el certificado que le hubiera podido abrir las puertas de ciertas universidades provinciales. Cómo sucedió esto, y por qué, es objeto de varias versiones no fáciles de conciliar. En unas Memorias escritas en 1929, que ostensiblemente tratan de borrar la desfavorable impresión de las que escribió en 1923, Abel Yenukidze manifiesta que en el Seminario, José empezó a leer libros secretos de tendencias perniciosas. No escapó tal crimen a la atención del inspector y, en consecuencia, el peligroso alumno «salió disparado del Seminario». El historiador oficial caucásico, Beria, nos dice que Stalin «fue expulsado por no inspirar confianza». Naturalmente, nada hay de extraño en ello; tales expulsiones eran cosa frecuente. Lo que parece extraño es que hasta ahora no se hayan publicado documentos del Seminario relativos al caso. Que no han sido destruidos por el fuego ni arrebatados por el torbellino de los años revolucionarios resulta evidente al menos por la tablilla conmemorativa antes mencionada y más aún por el silencio absoluto que se ha guardado sobre su suerte. ¿Es que no se dejan publicar por contener datos poco propicios o porque refutan ciertas leyendas de origen más reciente?