Stalin
Stalin No es posible poner en claro la índole de las opiniones de José en aquellos días, pues no dejó huellas escritas. Según manifiesta Iremashvili, su tocayo era partidario de las acciones más violentas y de «la dictadura de la minoría». La participación de una imaginación intencionada en el esfuerzo de la memoria es aquí innegable: a fines del pasado siglo, no existía siquiera la cuestión de «dictadura». «Los extremismos de Koba no tomaron forma —continúa Iremashvili— en virtud de un estudio objetivo, sino como producto natural de su ansia personal de poder y su ambición despiadada, que le dominaba física y espiritualmente.» Tras el indudable prejuicio en los asertos del antiguo menchevique debe uno saber encontrar el meollo de la verdad. En la vida espiritual de Stalin, el objetivo personal, práctico, estuvo siempre por encima de la verdad teórica, y su voluntad ha intervenido siempre con predominio sobre el intelecto.