Stalin
Stalin Hay un motín a cada paso cuando se examinan las publicaciones históricas: en Brest-Litovsk, Trotsky no cumplió las instrucciones de Lenin; en el frente meridional, Trotsky procedió en contra de las normas de Lenin; en el frente oriental, Trotsky actuó en oposición a las órdenes de Lenin, y así sucesivamente. En primer lugar, debe advertirse que Lenin no podía darme normas personales. En el Partido no se procedía así. Ambos éramos miembros del Comité Central, que resolvía todas las divergencias de opinión. Siempre que Lenin y yo disentíamos, y esto ocurría más de una vez, la cuestión pasaba inmediatamente al Politburó del Comité Central, el cual se encargaba de decidir. Así, pues, en sentido estricto nunca pudo hablarse de que yo violase normas de Lenin. Pero ése es sólo un aspecto del asunto, el aspecto formal. Entrando en lo esencial, es inevitable preguntar: ¿Era razonable atenerse a las normas de Lenin, que había colocado a la cabeza del Departamento de Guerra a una persona que no hacía sino cometer yerros y crímenes; al frente de la economía nacional a Rikov, «convicto» restaurador del capitalismo y futuro agente del fascismo; al frente de la Internacional Comunista a aquel futuro fascista y traidor, Zinoviev; y en la dirección del periódico oficial del Partido y entre los dirigentes de la Internacional Comunista a aquel futuro bandido fascista, Bujarin?