Stalin
Stalin La arrogación por parte de Stalin de las funciones de gestor de todas las fuerzas militares del frente había sido confirmada por Moscú. El telegrama del Consejo Revolucionario de Guerra de la República, que llevaba anotado su envío con la conformidad de Lenin, expresamente delegada en Stalin para «imponer orden, agrupar todos los destacamentos en unidades regulares, organizar los mandos debidamente, después de sustituir a todos los insubordinados». Así, los derechos asignados a Stalin fueron firmados y hasta formulados por mí, en cuanto puede juzgarse por el texto de la disposición correspondiente. Nuestra tarea común a la sazón consistía en subordinar las provincias al Centro, imponer disciplina y someter todos los grupos de voluntarios y guerrilleros al Ejército y a los servicios del frente. Por desgracia, la actividad de Stalin en Tsaritsyn tomó una dirección totalmente distinta. Por entonces no sabía yo que Stalin había puesto en uno de mis telegramas la anotación de «no hacer caso», va que no tuvo nunca el suficiente valor para informar de ello al Centro. Mi impresión era que Stalin no luchaba con firmeza suficiente contra la autonomía local, las guerrillas comarcales y la insubordinación general de la gente de la región. Le acusé de ser demasiado tolerante con la equivocada política de Vorochilov y otros, pero nunca me cupo en la cabeza que fuese él el instigador de tal política. Esto se puso en evidencia poco después, por sus propios telegramas y por las confesiones de Vorochilov y demás enterados.