Stalin
Stalin Lenin se molestó por este tono de provocativo alarde. Desde Petrogrado era posible en todo momento comunicar con el Kremlin y su Estado Mayor, remplazar a comandantes incompetentes o dudosos, reforzar la plana mayor, es decir, hacer lo mismo que hacían todos y cada uno de los activistas militares del Partido una y otra vez, en cualquier frente, sin violar las reglas elementales de buen gusto, de la cortesía, del mantenimiento de relaciones correctas, ni socavar la autoridad del mando del Ejército y de su Estado Mayor. Pero Stalin no podía obrar así. No concebía otro modo de hacer sentir su autoridad sobre otros más que insultándolos; ni acertaba a quedar satisfecho de su labor sin dar violenta salida a su desdén por cuantos le estaban subordinados. No teniendo otros recursos a su disposición, convirtió la dureza en recurso, y hacía gala de su aptitud especial para la contumelia frente a personas e instituciones que gozaban del respeto de los demás. Su telegrama terminaba con estas palabras:
Envía rápidamente dos millones de cartuchos a mi disposición, para seis divisiones.