Stalin
Stalin Es totalmente imposible comprender cómo la captura de Lemberg, que distaba 300 kilómetros del principal teatro de operaciones, habría servido para caer sobre la «retaguardia» de las formaciones polacas de choque, que entretanto habían perseguido ya al Ejército Rojo hasta cien kilómetros al este de Varsovia. Para intentar atacar a los polacos por su «retaguardia» habría sido necesario perseguirlos en primer lugar, y en consecuencia abandonar Lemberg ante todo. ¿Por qué, entonces, había que ocuparlo? La captura de Lemberg, que intrínsecamente no carecía de importancia militar, podría haberse revestido de significación revolucionaria sólo organizando una insurrección de los galitzianos contra la dominación polaca. Pero eso requería tiempo. Los ritmos de las tareas militar y revolucionaria no coincidieron en lo más mínimo. Desde el momento en que se hizo patente el peligro de un contraataque decisivo cerca de Varsovia, seguir el avance hacia Lemberg resultaba no sólo vano, sino francamente criminal. Pero en aquel punto intervino la suspicacia entre los dos frentes. Stalin, según la [propia confesión] de Vorochilov, no vacilaba en transgredir reglamentos y órdenes.