Stalin
Stalin Es imposible comprender a Stalin y su éxito de última hora sin comprender la fuente principal de su personalidad: ansia de poder, ambición, envidia, una envidia activa, jamás adormecida, a todos los mejor dotados, más poderosos, a cuantos destacan sobre él. Con aquella arrogancia caracterÃstica que es esencial en Mussolini, dijo éste a uno de sus amigos: «Nunca he encontrado a mi igual.» Stalin nunca hubiera podido decir tal frase, ni aun a sus amigos más Ãntimos, pues hubiera sonado descarnada, absurda, ridÃcula en exceso. En los mismos cuadros bolcheviques abundaban hombres que superaban a Stalin en todos los respectos, salvo en el de su reconcentrado ambición. Lenin estimaba mucho el poder como instrumento de acción; pero el amor al poder por el poder mismo le era totalmente ajeno. No sucede asà con Stalin. Psicológicamente, el poder para él siempre fue algo aparte de los fines a que éste se entiende destinado. El deseo de ejercer su voluntad como el atleta utiliza sus músculos para dominar a los demás: he aquà el origen de su personalidad. AsÃ, su voluntad fue adquiriendo una fuerza cada vez más concentrada, que se dilataba en agresividad, en actividad, en radio de expresión, sin detenerse ante nada. Cuantas veces tuvo Stalin ocasión de convencerse de que le faltaban muchos atributos para adquirir el poder, tanto más intensamente se esforzó por compensar cada deficiencia de carácter, con tanta más sutileza convirtió cada defecto en ventaja bajo ciertas condiciones.