Stalin
Stalin Entretanto, se vio claro que estarÃamos en minorÃa, aun con los essars de izquierda, que iban en la misma candidatura que los essars de derecha y eran defraudados a cada paso. «Naturalmente, tendremos que disolver la Asamblea Constituyente —dijo Lenin—. Pero, ¿y los essars de izquierda?» Sin embargo, el viejo Natanson48 nos tranquilizó sobre el particular. Vino a «asesorarnos», pero sus primeras palabras fueron: «Me parece que tendremos que dispersar por la fuerza la Asamblea Constituyente.» Lenin exclamó: «¡Bravo! ¡Lo que está bien, está bien! Pero, ¿querrá tu gente ir tan lejos?» Natanson contestó: «Algunos vacilan, pero creo que al fin se avendrán todos a ello.» Los essars de izquierda estaban entonces en la luna de miel de su extremo radicalismo: efectivamente, consintieron en la disolución. Lenin se dedicó con ardor al problema de la Asamblea Constituyente. IntervenÃa a fondo en todos los preparativos, pensaba en todos los detalles, y sometÃa a Uritsky, que, con gran pesar suyo, habÃa sido designado comisario de la Asamblea, al tormento de agotadores interrogatorios. Incidentalmente, Lenin se ocupó en persona del traslado de uno de los regimientos letones, de composición predominantemente proletaria, a Petrogrado. «El mujik podrÃa vacilar si sucede algo —observó—, y aquà necesitamos resolución proletaria.»