Stalin
Stalin Análogamente se extinguió su afecto hacia Dzerzhinsky. Éste se distinguía por su profunda honestidad, carácter apasionado e impulsividad. El poder no logró corromperle. Pero no siempre estuvo su capacidad a la altura de las misiones que se le confiaron. Invariablemente se le reelegía para el Comité Central; pero, mientras Lenin volvió, no había que pensar en incluirle en el Politburó. En 1921, o quizás en 1922, Dzerzhinsky, hombre excesivamente altivo, se me quejó, con tono de resignación en su voz, de que Lenin no le atribuyese capacidad política. Como es natural, hice lo que pude por disuadirle. «No me considera organizador, hombre de Estado», insistía Dzerzhinsky. «¿Qué te hace pensar así?» «Se obstina en no aceptar mi informe como comisario popular de Vías de Comunicación.»
Al parecer, Lenin no estaba muy entusiasmado con el informe de Dzerzhinsky en tal concepto. En realidad, Dzerzhinsky no era un organizador en el sentido amplio de la palabra. Solía reunir a sus colaboradores y organizarlos en torno a su persona, pero no conforme a su método. Este método no era evidentemente el más oportuno para poner orden en el Comisariado de Vías de Comunicación. En 1922, Ordzhonikidze y Dzerzhinsky se sentían muy descontentos de su posición respectiva, y molestos en grado considerable. Stalin los reclutó en el acto.