Stalin
Stalin Entretanto, la situación revolucionaria en Alemania había llegado a un punto crítico. Pero los triunviros y sus aliados en el Politburó estaban aún muy ocupados socavando el prestigio del ultrapopular camarada Trotsky y apuñalándose entre ellos, para preocuparse en dedicar una ojeada superficial al supremo problema de la revolución mundial. Los camaradas alemanes recibieron continuas órdenes de manejar la palanca de la táctica del Frente Unido hasta el límite. Luego, Zinoviev convocó al Ejecutivo ampliado del Komintern en Moscú, y desde el 12 al 24 de junio los líderes del comunismo mundial estuvieron hablando de revolución.
Las desesperadas masas alemanas (quince millones en las ciudades, siete millones en el campo) respaldaron a la Sección alemana del Komintern. Pero con Lenin paralítico y sin habla, y Trotsky incapacitado por la disciplina de partido y reducido políticamente a la impotencia por su aislamiento en el Politburó, los dirigentes del Komintern de Moscú nada tenían que decir a los líderes comunistas de Alemania. No circularon órdenes, y nada sucedió. Durante aquel nefasto mes de agosto de 1923, Stalin escribió las siguientes líneas a Zinoviev (entonces a la cabeza de la Internacional Comunista) y a Bujarin (considerado oficialmente como «el teórico principal del comunismo después de Lenin»):