Stalin
Stalin Me doy cuenta, más que nadie, de la monstruosidad de tal sospecha. Pero no puedo remediarlo, ya que se desprende de las circunstancias, de los hechos y del carácter mismo de Stalin. En 1922, el aprensivo Lenin habÃa advertido: «Este cocinero no prepara más que platos cargados de pimienta.» De hecho resultaron, más que cargados de pimienta, venenosos, y no sólo en metáfora, sino en realidad. Hace dos años51 escribà por primera vez sobre hechos que en su tiempo (1923-24) sólo conocieron siete u ocho personas, en parte, además. De este número, aparte de mÃ, únicamente Stalin y Molotov continúan en el mundo de los vivos. Pero estos dos (aun concediendo que Molotov estuviese entre los iniciados, de lo cual no estoy seguro) no tienen motivos para confesar lo que voy a decir ahora. Debo añadir que todos los hechos que menciono, toda referencia o cita, puede comprobarse consultando publicaciones oficiales del Soviet o documentos que constan en mis archivos. Tuve ocasión de informar de palabra y por escrito ante la Comisión del doctor John Dewey que investigó los juicios de Moscú, y jamás se han impugnado uno solo de los documentos que exhibà por centenares.