Stalin

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Tampoco había entonces nada personal en la hostilidad de Lenin hacia Stalin. Indudablemente apreciaba mucho ciertos rasgos de carácter de Stalin, su firmeza, su perseverancia, e incluso su rudeza y disimulo, atributos indispensables en la lucha y, por lo tanto, también en el cuartel general del Partido. Pero con el tiempo, Stalin se aprovechaba cada vez más de las oportunidades que su cargo le brindaba para reclutar gente que le fuese afecta y para tomar venganza sobre sus adversarios. Al ser designado en 1919 para ocupar el Comisariado Popular de Inspección52, Stalin lo convirtió gradualmente en un instrumento de favoritismo e intrigas. Transformó la Secretaría general del Partido en un manantial inagotable de mercedes y dispensas. Del mismo modo abusó con fines personales de su condición de miembro del Orgburó y del Politburó. En todas sus acciones podía discernirse un móvil personal. Poco a poco, Lenin se convenció de que ciertas características de Stalin, multiplicadas por la máquina política, eran francamente dañosas para el Partido. De ahí surgió su decisión de apartar a Stalin de la máquina y transformarle así en un miembro de base del Comité Central. En la U.R.S.S. de hoy, las cartas que Lenin escribió por entonces son de lo más «tabú» en materia de documentos. Afortunadamente, hay varias de ellas en mis archivos, en copia o en fotografía, y algunas ya se han publicado. La salud de Lenin empeoró de repente hacia el final de 1921. El primer acceso se presentó en mayo del año siguiente. Durante dos meses no pudo moverse, ni hablar, ni escribir. A partir de julio comenzó a recuperarse lentamente. En octubre regresó del campo al Kremlin y reanudó sus tareas. Fue grande su sorpresa ante el desarrollo que observó de burocracia, arbitrariedad e intrigas de las instituciones del Partido y del Gobierno. En diciembre abrió el fuego contra los procedimientos de Stalin en materia de política de nacionalidades, especialmente contra los utilizados en Georgia, donde la autoridad del secretario general era objeto de abierta hostilidad. Se pronunció en contra de Stalin en la cuestión del monopolio del comercio extranjero, y para el próximo Congreso del Partido estaba preparando con sus secretarias un discurso que, según sus propias palabras, iba a ser «una bomba para Stalin». El 23 de enero, con gran consternación del secretario general, propuso como proyecto organizar una Comisión de Control de trabajadores53 que pusiera coto al poder de la burocracia. «Hablemos francamente —escribía Lenin el 2 de marzo—; el Comisariado de Inspección no goza hoy de la más mínima autoridad... No hay peor institución entre las nuestras que el Comisariado Popular de Inspección...», y otras cosas análogas. A la cabeza de la Inspección estaba Stalin, quien demasiado comprendía de quién se hablaba en aquel escrito.


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