Stalin
Stalin El antiguo diplomático soviético Dimitrievsky, muy amigo de Stalin, habla de este dramático episodio tal y como se propaló entre quienes andaban alrededor del secretario general:
Cuando Krupskaia, que le tenía harto con sus constantes molestias, le telefoneó una vez más desde el campo para pedirle cierta información, Stalin... la increpó desaforadamente. Krupskaia, llorando a lágrima viva, fue inmediatamente a quejarse a Lenin. Los nervios de éste, excitados ya hasta el límite por las intrigas, no pudieron resistir más. Krupskaia se apresuró a enviar a Stalin la carta de Lenin... «Pero ya conoces a Vladimiro Ilich —dijo Krupskaia con aire de triunfo a Kamenev—. Nunca se hubiera resuelto a romper con Stalin toda relación personal si no creyese necesario aplastarle políticamente.».