Stalin
Stalin Gorki nunca fue conspirador ni político. Era un viejo bondadoso, defensor del agraviado, un protestante sentimental. Tal fue su papel durante los primeros días de la Revolución de octubre. En el curso de los dos primeros planes quinquenales, el hambre, el descontento y las represiones alcanzaron el límite máximo. Los cortesanos protestaron. Incluso protestó la esposa de Stalin, Alliluyeva. En aquella atmósfera, Gorki constituía una seria amenaza. Mantenía correspondencia con escritores europeos, era visitado por extranjeros, los oprimidos se quejaban a él, y el escritor, por su parte, moldeaba la opinión pública. Pero lo más importante es que hubiera sido imposible obtener su aquiescencia al exterminio, que entonces se preparaba, de los antiguos bolcheviques, a quienes había conocido íntimamente durante muchos años. La protesta pública de Gorki contra las celadas habría roto inmediatamente el encanto hipnótico de la justicia de Stalin ante los ojos de todo el mundo.