Stalin
Stalin No había manera de hacerle permanecer callado. Y menos posible aún era detenerle, desterrarle o fusilarle. La idea de acelerar la liquidación del doliente Gorki por medio de Yagoda, «sin sangre», debió de parecer al amo del Kremlin el único modo de salir de aquella situación. La mente de Stalin está constituida de tal modo que tales decisiones se le ocurren por impacto de reflejos. Habiendo aceptado el encargo, Yagoda se confió a sus médicos «particulares». No aventuraba nada. Negarse, de acuerdo con las propias palabras del doctor Levin, «hubiera conjurado la ruina para mí y para mi familia». Además, «no hay modo de escapar de Yagoda. Es un hombre que no se detiene ante nada. Os encontraría aunque os escondieseis bajo tierra».
Pero, ¿por qué no se quejaron los poderosos y respetados médicos del Kremlin a los miembros del Gobierno, a quienes todos ellos conocían por ser pacientes suyos? Sólo entre la clientela del doctor Levin figuraban veinticuatro funcionarios de la máxima categoría, incluso miembros del Politburó y del Consejo de Comisarios del Pueblo. La respuesta es que el doctor Levin, como cualquiera que viviese en el Kremlin o en sus alrededores, sabía perfectamente a quién servía Yagoda. El doctor Levin se sometió a Yagoda porque no tenía poder para resistir a Stalin.