Stalin
Stalin Muralov fue bien informado de cuanto ocurría. Era muy delicado y comprensivo para estas cosas. Nosotros estábamos inquietos, y en guardia constantemente. Como de costumbre, las partidas de caza eran organizadas por la G.P.U. local, porque conocía mejor las condiciones locales. Continuábamos confiados a su custodia y protección, como antes. Pero ante el cambio de circunstancias, esta guardia de la G.P.U. adquirió un doble sentido, no exento de peligro. Ya no pusimos en ella tanta seguridad como en la guardia personal de L. D., que nos había acompañado desde Moscú y estaba ligada a L. D. por los estrechos lazos del frente en la guerra civil.
Una vez volvimos de caza algo más tarde que de costumbre. El retraso no fue culpa nuestra; más bien supusimos que era premeditado. A medianoche, justamente cuando nos acercábamos a Kislovodsk, descarriló de pronto el tranvía en que íbamos, se desvió describiendo un círculo y se detuvo bruscamente. Nos caímos todos, sin darnos cuenta al principio de lo ocurrido. Los empleados que trataron de explicarnos la causa de aquel accidente estaban muy azorados. Sus explicaciones no tenían sentido. Parecía aquello un «accidente» premeditado y frustrado, sin duda una venganza por el éxito de L. D. en Kislovodsk. El «atrasado» Cáucaso y todas las provincias en su compañía, necesitaban aprender mediante un buen escarmiento56.