Su moral y la nuestra

Su moral y la nuestra

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En condiciones "normales", el hombre "normal" observa el mandamiento: "¡No matarás!"; pero si mata en condiciones excepcionales de legítima defensa, los jueces lo absuelven. Si, por el contrario, cae víctima de un asesino, éste será quien muera, por decisión del tribunal. La necesidad de tribunales, lo mismo que la de la legítima defensa, se desprende del antagonismo de intereses. En lo que concierne al Estado, éste se limita, en tiempo de paz, a legalizar la ejecución de individuos, para cambiar, en tiempo de guerra, el mandamiento "universalmente válido": "¡No matarás!" en su contrario. Los gobiernos más "humanos" qué, en tiempo de paz, "odian" la guerra, convierten, en tiempo de guerra, en deber supremo de sus ejércitos el exterminio de la mayor parte posible de la humanidad.

Las supuestas reglas "generalmente reconocidas" de la mora] conservan en el fondo un carácter algebraico, es decir, indeterminado. Expresan únicamente el hecho de que el hombre, en su conducta individual, se encuentra ligado por ciertas normas generales, que se desprenden de su pertenencia a una sociedad. El "imperativo categórico" de Kant es la más elevada generalización de esas normas. A despecho, sin embargo, de la alta situación que ocupa en el Olimpo de la filosofía, ese imperativo no encierra en sí absolutamente nada de categórico, puesto que no posee nada de concreto. Es una forma sin contenido.


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