Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra El señor Pritt, consejero de S. M. Británica, que había tenido ocasión de echar en Moscú una mirada de soslayo bajo la túnica de Temis Staliniana y había encontrado sus intimidades en buen estado, tomó sobre sí la tarea de desafiar la vergüenza. Romain Rolland, cuya autoridad moral aprecian tanto los tenedores de libros de las editoriales soviéticas, se apresuró a publicar uno de sus manifiestos, en los que el lirismo melancólico se une a un cinismo senil. La Liga Francesa de los Derechos del Hombre, que condenaba en 1917 la "amoralidad de Lenin y de Trotsky", cuando rompieron la alianza militar con Francia, se apresuró a tapar en 1936 los crímenes de Stalin, en interés del pacto franco-soviético. El fin patriótico justifica - como se ve - todos los medios. En los Estados Unidos, The Nation y The New Republic cerraron los ojos páranlas hazañas de Yagoda, puesto que la "amistad" con la U.R.S.S. se había convertido en sustento de su propia autoridad. No hace ni siquiera un año, esos señores no afirmaban que stalinismo y trotskysmo fueran idénticos. Estaban abiertamente por Stalin. por su espíritu realista, por su justicia y por su Yagoda. En esa posición se mantuvieron tanto tiempo como pudieron.