Su moral y la nuestra

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En la extrema izquierda de esta cofradía de "izquierda", se encuentra un pequeño grupo, totalmente insignificante en lo político, de emigrados alemanes que publican la revista Neuer Weg (Nueva Ruta). Inclinémonos un poco y escuchemos a esos detractores "revolucionarios" de la amoralidad bolchevique. En tono de elogio de doble sentido, la Neuer Weg escribe que los bolcheviques se distinguen ventajosamente de los otros partidos por su falta de hipocresía: proclaman abiertamente lo que los demás aplican silenciosamente en la realidad, a saber, el principio: "el fin justifica los medios". Pero según la opinión de la Neuer Weg- una regla "burguesa" de ese género es incompatible "con un movimiento socialista sano", "La mentira y algo peor aún" no son medios permitidos en la lucha, como lo consideraba todavía Lenin". La palabra "todavía" significa, naturalmente, que Lenin no había aún conseguido deshacerse de sus ilusiones, por no haber vivido hasta el descubrimiento de la "nueva ruta". En la fórmula "la mentira y algo peor aún", el segundo miembro significa, evidentemente, la violencia, el asesinato, etc., ya que, supuesto invariable todo el resto, la violencia es peor que la mentira y el asesinato es la forma suprema de la violencia. Llegamos así a la conclusión de que la mentira, la violencia y el asesinato son incompatibles con "un movimiento socialista sano". Pero, ¿qué pasa con la revolución? La guerra civil es la más cruel de las guerras. Es inconcebible, no sólo sin la violencia ejercitada contra terceros, sino -con la técnica contemporánea- sin el homicidio de ancianos y niños. ¿Es preciso recordar a España? La única respuesta que podrían darnos los "amigos" de la España republicana sería que la guerra civil vale más que la esclavitud fascista. Esa respuesta, enteramente correcta, sólo significa que el fin (democracia o socialismo) justifica, en ciertas condiciones, medios tales como la violencia y el homicidio. ¡Inútil hablar de la mentira! La guerra es tan inconcebible sin mentiras como la máquina sin engrase. Con el fin único de proteger la sesión de las Cortes (1.° de febrero de 1938) contra las bombas fascistas, el gobierno de Barcelona engañó varias veces, a sabiendas, a los periodistas y a la población; ¿podía obrar de otro modo? Quien quiera el fin -la victoria contra Franco- debe aceptar los medios, la guerra civil con su cortejo de horrores y de crímenes.


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