Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra Cuando la revolución de octubre se defendía contra las fuerzas reunidas del imperialismo, en un frente de ocho mil kilómetros, los obreros del mundo entero seguían el desarrollo de esta lucha con una simpatía tan ardiente que hubiese sido peligroso denunciar ante ellos el sistema de rehenes como una "repugnante barbarie". Fue precisa la completa degeneración del Estado soviético y el triunfo de la reacción en una serie de países para que los moralistas salieran de sus agujeros… en ayuda de Stalin. En efecto, si las medidas de represión tomadas para defender los privilegios de la nueva aristocracia tienen el mismo valor moral que las medidas revolucionarias tomadas en la lucha libertadora, entonces Stalin está plenamente justificado, a menos que… la revolución proletaria sea condenada en masa. Al mismo tiempo que buscan ejemplos de inmoralidades en los acontecimientos de la guerra civil en Rusia, los señores moralistas se ven obligados a cerrar los ojos ante el hecho de que la revolución española restableció también el sistema de rehenes, por lo menos, durante el período en que fue una verdadera revolución de masas. Si los detractores todavía no se han atrevido a atacar a los obreros españoles por su "repugnante barbarie", es únicamente porque e! terreno de la península ibérica está aún demasiado quemante para ellos. Es mucho más cómodo remontarse a 1919. Eso es ya historia: los viejos habrán yo olvidado y los jóvenes todavía no aprenden. Por esa misma razón, los fariseos de cualquier matiz retornan con tanta insistencia a Kronstadt y Makhno: ¡sus emanaciones de moral pueden exhalarse aquí libremente!