Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra El obrero que no oculta al capitalista la "verdad" sobre las intenciones de los huelguistas es sencillamente un traidor que sólo merece desprecio y boicot. El soldado que comunica la "verdad" al enemigo es castigado como espía. Kerensky mismo intentó con mala fe acusar a los bolcheviques de haber comunicado la "verdad" al Estado Mayor de Ludendorff. Resulta así que la "santa verdad" no es un fin en sí. Por encima de ella, existen criterios más imperativos que, como lo demuestra el análisis, tienen un carácter de clase.
Una lucha a muerte no se concibe sin astucias de guerra; en otras palabras, sin mentiras ni engaños. ¿Pueden los proletarios alemanes no engañar a la policía de Hitler? ¿Los bolcheviques soviéticos obran "amoralmente" engañando a la G.P.U.? Todo burgués honrado aplaude la habilidad del policía que logra atrapar con astucias a un peligroso gángster. ¿Y no va a ser permitida la astucia cuando se trata de derrocar a los gangsters del imperialismo?