El caballero de la carreta
El caballero de la carreta En la primera jornada, el Caballero de las Armas Bermejas[Lanzarote] obtiene un triunfo señalado sobre los demás. La reina, deseando comprobar si se trata de su enamorado, ordena que le diga de su parte: au noauz («lo peor posible»). Lanzarote obedece y rehuye el combate desde ese momento. Las gentes, enardecidas por su anterior comportamiento, no ven en su actitud sino cobardía. Al término de la jornada, todos se mofan de él. A la mañana siguiente, numerosos caballeros que no tomaban parte en el torneo describen brillantemente ante la reina los blasones de los justadores[39]. Comienza la segunda jornada: también en ella sigue Ginebra experimentando sumisiones extremas con su caballero, manejando sus hilos a placer, como si se tratara de un títere[40]. Todavía le ordena: au noauz. Pero más tarde: au mialz («lo mejor posible»), y Lanzarote obtiene una rotunda victoria en el torneo. Por su parte, el heraldo no cesa de gritar, ebrio de júbilo: Or est venuz qui l’aunera!, y las doncellas hacen votos de no desposar a nadie en un año, si no es al bravo Caballero de las Armas Bermejas. Aprovechando la confusión reinante, Lanzarote se va. Debe regresar a su prisión: lo ha prometido a la mujer del senescal de Gorre.
30. La torre junto al mar (6057-6146)