El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Ya quedó el rey muy desesperado; y asà acudió a la reina:
«Señora —le dijo—, ¿sabéis lo que el senescal me reclama? Pide licencia para despedirse y afirma que no volverá a la corte jamás; no sé por qué. Lo que no quiere hacer por mà lo hará pronto por vuestra súplica. Id a él, mi querida dama. Ya que no se digna a quedarse por mÃ, rogadle que permanezca por vos. Y caed a sus pies, si es preciso; que si pierdo su compañÃa, jamás estaré alegre».
El rey envÃa a la reina al senescal, y ella va. Con su acompañamiento lo encontró; y, apenas llega ante él, asà habla:
«Keu, gran pena he recibido, sabedlo con certeza, de lo que he oÃdo decir de vos. Me han contado, y eso me pesa, que os queréis partir lejos del rey. ¿Qué os impulsa a ello?, ¿qué sentimiento? No me parece propio de un hombre sabio ni cortés, como yo suelo consideraros. Que os quedéis, rogaros quiero. ¡Keu, quedaos, os lo suplico!
»—Señora —él dice—, con vuestra venia; pero no voy a quedarme de ningún modo».