El caballero de la carreta
El caballero de la carreta »—Con razón, sin embargo, lo hace —dijo la doncella—. ¿Adónde irá que no sepan la noticia de su deshonor, por haber estado en la carreta? Bien debe querer estar muerto, que más valdrÃa muerto que vivo. La vida será desde ahora vergonzosa, triste y desdichada».
Asà los caballeros pidieron sus armas y revistieron su arnés. Entonces, demostró su cortesÃa y su hidalguÃa la doncella en un gesto de generosidad. Al caballero de quien se habÃa burlado y al que reprendiera le regaló un caballo y una lanza, en testimonio de simpatÃa y amistad.
Los caballeros se despidieron corteses y bien educados de la doncella, y después de saludarla se encaminaron por donde vieran marchar al cortejo. Esta vez salieron del castillo sin que nadie les hablara una palabra.
A toda prisa se van por donde habÃan visto a la reina. No alcanzan a la escolta que se habÃa alejado.[600] Desde la pradera penetran en un robledal, y encuentran un camino de piedras. Siguieron a la ventura por el bosque, y serÃa la hora prima del dÃa cuando, en un cruce de caminos, encontraron a una doncella y ambos la saludaron. Cada uno le pregunta y suplica que les diga, si lo sabe, adonde se han llevado a la reina. Como persona sensata les responde: