El caballero de la carreta
El caballero de la carreta «Señor, me separo de vos de grado. Elegid uno de estos dos caminos y dejadme el otro a mi vez. Tomad el que más os guste.
»—Por mi fe —dice mi señor Galván—, muy peligroso y duro es tanto uno como otro paso. Me siento poco sabio para la elección, no sé cuál escoger con acierto. Pero no es justo que por mi haya demora, ya que me habéis propuesto la elección. Tomaré el camino al Puente bajo el Agua.
»—Entonces es justo que yo me dirija al Puente de la Espada, sin discusión —dijo el otro— y accedo a gusto».
Con que allí se separan los tres.[700] El uno al otro se han encomendado, de todo corazón, a Dios. La doncella cuando los ve marchar, dice así:
«Cada uno de vosotros debe devolver el galardón a mi gusto, en el momento que yo escoja para reclamarlo. Cuidad de no olvidarlo.
»—¡No lo olvidaremos, de verdad, dulce amiga!», dicen los dos.
Cada uno se va por su camino. El caballero de la carreta va sumido en sus pensamientos como quien ni fuerza ni defensa tiene contra Amor que le domina.