El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Su cuita es tan profunda que se olvida a sà mismo, no sabe si existe, no recuerda ni su nombre, ni si armado va o desarmado, ni sabe adónde va ni de dónde viene. Nada recuerda en absoluto, a excepción de una cosa, por la que ha dejado las demás en olvido. En eso sólo piensa tan intensamente que ni atiende ni ve ni oye nada.
Mientras tanto su caballo le lleva rápido, sin desviarse por mal camino, sino por la senda mejor y más derecha. Asà marchaba en pos de la aventura. Asà le ha conducido a un campo llano.
En aquel prado habÃa un vado, y al otro lado del rÃo se erguÃa el caballero que lo guardaba.
Junto a él habÃa una doncella montada en un palafrén.
HabÃa pasado casi la hora nona, y todavÃa permanecÃa el caballero sin cansancio abstraÃdo en su meditación. Su caballo, que tenÃa gran sed, vio hermoso y claro el vado, y corrió hacia el agua al divisarla.
Pero el caballero que estaba en la otra ribera le grita:
«¡Caballero, yo guardo el vado, y os lo prohÃbo!».
El otro no lo oye ni entiende ya que su meditar no le deja. Sin reparos se precipita su caballo hacia el agua. El guardián le grita que lo retenga: