El caballero de la carreta
El caballero de la carreta [750]«¡Deja el vado y te portarás como sensato, que por acá no se permite el paso!».
Y jura por su corazón que si penetra en el vado, lo atacará con su lanza. El otro sigue ensimismado sin detener al caballo que a la carrera salta al agua y comienza a beber a grandes tragos. El guardián dice que se arrepentirá y que no ha de protegerle al trasgresor ni su escudo ni su yelmo.
Pone luego su caballo al galope y lo aguija a un galope tendido. Y lo hiere y derriba toda su altura en medio del vado que le había vedado antes. Del mismo modo perdió el caído la lanza y el escudo que pendía de su cuello.
Apenas siente el agua, se sobresalta, y de un salto se pone en pie aún medio atontado; como quien se despierta de un sueño vuelve en sí, y mira en torno extrañado y busca a quien le hirió. Entonces ha visto al otro caballero. Y así le grita:
«¡Villano! ¿Por qué me habéis atacado, decidme, cuando yo ignoraba vuestra presencia y no os había causado ningún daño?
»—¡Por mi fe, que lo habíais hecho! —dice el otro—. ¿No me estimasteis como cosa vil, cuando por tres veces os prohibí el vado y os lo dije lo más alto que pude gritar? Bien me oísteis desafiaros dos o tres veces. Y aun así pasasteis adelante. Bien dije que os daría con mi lanza hasta que os viera en el agua».