El caballero de la carreta
El caballero de la carreta El otro, al oírlo, tuvo gran vergüenza, y le dice de nuevo:
«Caballero, monta sobre tu caballo con toda confianza. Yo te garantizo lealmente que ni cederé ni huiré. Me has dicho una infamia; y enojado estoy por tal».
Y el otro toma de nuevo la palabra:
«Antes me habrás dado como garantía tu juramento. Quiero que me des tu palabra de honor que no te apartarás ni huirás, y que no me tocarás ni te acercarás a mí, hasta que no me veas a caballo. Te habré hecho buen favor, si, ahora que te tengo, te suelto».
Aquél le dio su palabra; que ya no podía más.
Cuando el caballero tuvo la fianza, recogió su escudo y su lanza que por el río flotando iban y a toda prisa se alejaban. Ya estaban un largo trecho más abajo. Luego regresa a por su caballo. Cuando lo hubo alcanzado y estuvo montado, empuñó las correas del escudo y puso la lanza en ristre sobre el arzón. Entonces se enfrentan el uno contra el otro a galope tendido de las monturas.
[850]El que debía custodiar el vado carga el primero contra el otro, y con tanto ímpetu lo alcanza que su lanza vuela en pedazos al golpe. Pero el otro le hiere en respuesta de tal modo que lo envía al medio del vado, tan derribado que el agua lo tapó por entero.