El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Él, como que no puede mejorar la ocasión, lo concede a gusto de ella. Sólo al asentir ya se le quiebra el corazón. ¡Cuándo tanto lo lastima la sola promesa, cuál será la tristeza al acostarse! Mucho orgullo y tristeza habrá de sufrir la doncella que lo guía. Y, tal vez, al amarle ella con pasión, no se resigne a dejarlo marchar.
Después de haber accedido a su proposición y deseo lo conduce hasta un castillo. No encontraríase uno más bello de aquí hasta Tesalia. Estaba protegido en su circunferencia por altos muros y por un foso de agua profunda. Y allí dentro no se encontraba más hombre que el que ella esperaba.
Allá había mandado la doncella, para su residencia, construir un buen número de habitaciones y un gran salón principal.