El caballero de la carreta
El caballero de la carreta «¡Avanzad, avanzad!».
Esta palabra equivalía a decir: «Poco me inquieta lo que decís, que por nada os asustáis».
Mientras van hablando así, se acerca a toda premura el caballero que avanzaba en contra, a todo galope, a su encuentro. Le alegraba apresurarse porque pensaba que no sería en vano, y por dichoso se cuenta el ver lo que más amaba en el mundo.
[1550]Tan pronto como está cerca, la saluda, con la boca y el corazón, diciendo:
«¡El ser que yo más quiero, del que obtengo menos alegría y más penar, sea bien venido, de doquier que venga!».
No hubiera estado bien que ella hubiera contenido su palabra, sin devolverle, al menos con los labios, el saludo. ¡Cómo le ha complacido al caballero que la doncella le salude! Por más que su boca no se ha fatigado ni le ha costado nada tal envío. Y aunque hubiera salido como vencedor en un torneo en aquel momento, no lo hubiera apreciado en tanto, ni pensara haber conquistado tanto honor ni premio. Con tal exceso de amor y de vanagloria, la ha tomado por la rienda de su montura y dice: