El caballero de la carreta
El caballero de la carreta «Lo mandaría encadenar antes de dejarlo combatir. Todos vosotros en pleno sois mis hombres. Por tanto me debéis amor y fidelidad. Por cuanto dependéis de mí os lo ordeno, y suplico a la vez. Gran locura le mueve, me parece, y mucho procede con exceso de orgullo, al contradecir lo que yo quiero».
Los otros afirman que lo prenderán, y que, después de estar en su poder, no tendrá ganas de combatir; de modo que consentirá, a pesar suyo, en devolver a la doncella. Entonces van todos a prenderlo y aprisionarlo por los brazos y por el cuello.
«¿No te consideras ahora como loco? —dijo el padre—. Date cuenta de la realidad. No tienes fuerza ni poder para combatir ni para justar, por más que te cueste, por más que te duela y por más que te apene. [1800]Así que acepta lo que me parezca bien, y obrarás con sensatez. ¿Y sabes cuál es mi propuesta? Para que tu tormento sea menor, seguiremos, tú y yo, si tú quieres, a ese caballero durante hoy y mañana, por el bosque y por el llano, cabalgando a la par. Tal vez podemos encontrarlo de tal personalidad y talante que yo te permita probar contra él tu valor y combatirlo según tu deseo».
Así el hijo ha accedido, a pesar suyo, a lo que le ha propuesto. Ya que no puede modificarlo, dice que se aguantará a órdenes de su padre. Pero que ambos han de seguir al caballero.