El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Su padre dijo:
«Te lo concedo, querido hijo. Asà lo crees tú. Tanta confianza tienes en tu valer. Pero no quiero ni querré que hoy tú te midas con este rival».
Él responde:
«¡Vergüenza tendrÃa si escuchara vuestro consejo! ¡Condenado sea quien lo acepte y quien por vos cobre temor de que yo no salga a combatir! Verdad es que mal se negocia en la familia. Mejor podrÃa yo mercar en otra parte, pues vos me queréis engañar. [1750]Sé bien que en paÃs extraño podrÃa hacerme valer mejor. Ninguno que no me conociera me harÃa desistir de mi voluntad; en cambio, vos me disuadÃs y menospreciáis. Tanto más enojado estoy por cuanto me habéis reprochado. Pues quien reprocha, bien sabéis, su pasión a hombre o mujer, más la aviva e inflama. Mas si cedo en algo por vos, que Dios no me depare más alegrÃa. Por el contrario voy a pelear, a pesar vuestro.
»—¡Por la fe que debo al apóstol san Pedro! —dijo el padre—, ahora veo que no servirá de nada mi ruego. Pierdo el tiempo al reprenderte con mis consejos. Pero pronto te habré mostrado argumento tal que, a tu pesar, tendrás que hacer toda mi voluntad, porque estarás sometido a ella».
Al momento llama a todos los caballeros de guardia, que acuden a él. Les ordena que dominen a su hijo, que no se deja guiar por sus consejos. Dice: