El caballero de la carreta
El caballero de la carreta En tanto el caballero, sin prestarles atención, vino muy cerca de la doncella al instante y dijo al otro:
«Dejad a esta joven, caballero. Sobre ella no tenéis ningún derecho. Si osáis otra vez, al punto la defenderé contra vos».
Entonces dijo el viejo caballero:
«¿No me lo figuraba yo bien? Querido hijo, no retengas más a la doncella; sino que devuélvesela».
Nada bien le pareció a éste, que jura que no ha de dejarla.
«¡Qué Dios no me dé más alegrÃa en cuanto se la entregue! Yo la tengo en mi poder y la retendré como cosa de mi propiedad. Antes se partirá el tahalà y las correas de mi escudo, y he de perder toda la confianza en mi cuerpo, mis armas, mi espada y mi lanza, antes de dejarle a mi amiga».
Y su padre dijo:
«No voy a dejarte combatir, por más que digas. ConfÃas demasiado en tu valer. Pero haz lo que te ordeno».
Por orgullo él le responde entonces:
«¿Soy quien pueda asustarse? Puedo enorgullecerme de esto: que no hay en la extensión que ciñe el mar caballero alguno, de entre los muchos existentes, tan valioso que yo se la cediera ni a quien no creyera que podÃa someter en breve plazo».