El caballero de la carreta
El caballero de la carreta «¡Ved, ved al caballero, que fue llevado en la carreta! ¡Qué nadie se dedique a jugar mientras se encuentre aquí! ¡Maldito sea quien quiera alegrarse con juegos o danzas, o lo intente, mientras ése esté aquí!».
He aquí que el caballero recién llegado, el que amaba a la doncella y la consideraba como suya, era hijo del caballero canoso. Y así se dirigió a él:
«Señor, tengo gran contento, y que lo oiga quien quiera escucharlo, de que Dios me ha dado la cosa que más he deseado en todos mis días. No me hubiera regalado tanto si me hubieran hecho rey coronado, ni por ello me sentiría más agradecido ni estuviera más beneficiado. Pues tan valioso y bello es mi botín.
»—No sé si ya es tuyo», replica a su hijo el caballero. Con brusca rapidez aquél responde:
«¿Qué no lo sabéis? ¿No lo veis pues? Por Dios, señor, no tengáis la menor duda, puesto que lo veis en mi poder. En el bosque de donde vengo acabo de encontrarla que venía. Pienso que Dios me la traía, y como mía la he tomado.
»—No sé aún si lo consiente ese que veo venir detrás de ti».
[1700]Mientras hablaban estos dichos y frases, se habían detenido las danzas, a la vista del caballero de la carreta. No se hacían más juegos ni festejos por desprecio y ofensa de aquél.