Hagakure: El Camino del Samurái

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Cuando Fukuchi Rokurouemon abandonaba el castillo, el palanquín de una dama que parecía ser de alto rango pasó delante de la mansión del Señor Tabu y el hombre de guardia hizo las salutaciones con esmero. Sin embargo, un portador de alabarda que acompañaba el palanquín lo interpeló y dijo: «No te has inclinado lo suficiente» y lo golpeó con el puño de la alabarda. El guardia tocó su cabeza y notó que sangraba. Se levantó y dijo: «Habéis cometido una acción degradante cuando yo he sido cortés. Es una desgracia». Y mató al portador de la alabarda de un solo tajo de su sable. El palanquín continuó su camino, Rokurouemon levantó su lanza y dijo: «Envainad vuestro sable, está prohibido desenvainar el sable en el recinto del castillo». El hombre contestó: «Lo que acaba de ocurrir era inevitable y las circunstancias han sido las que han dictado mi conducta. Os habréis probablemente dado cuenta de ello. Deseo volver a envainar pero me es difícil hacerlo dado el tono de vuestra voz. Estaré contento de contestar a vuestro desafío» Rokurouemon bajó inmediatamente su lanza y dijo: «Sois razonable. Yo me llamo Fukuchi Rokurouemon. Testificaré que vuestra conducta ha sido ejemplar. Más aún, os sostendré a riesgo de mi propia vida. Ahora, os ruego que envainéis vuestro sable». «Con sumo placer». Dijo el guardia y envainó. Dijo servir a Taku Nagato No Kami Yasuyori. Por esto Rokuroemon lo acompañó y relató los hechos. Sin embargo, sabiendo que la Dama del palanquín era la esposa de un noble, el Señor Nagato le ordenó hacerse Seppuku. Rokurouemon dijo entonces: «He dado mi palabra de Samurái. Si este hombre es culpable, voy a cometer Seppuku yo el primero».


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