Del album de un cazador
Del album de un cazador —Escucha, Turón —le decÃa yo—, ¿por qué no le compras tu libertad a tu amo?
—¿Y por qué deberÃa hacerlo? Conozco bien a mi amo y sé cuánto debo pagarle por arrendar las tierras. Mi amo es un buen hombre.
—Pero ser un hombre libre debe ser mejor —comenté.
El Turón me miró de soslayo.
—Eso es bien cierto —murmuró.
—Entonces, ¿por qué no hacerlo?
El Turón giró un tanto la cabeza.
—¿Y con qué, señor mÃo, podrÃa comprar mà libertad?
—Venga ya, anciano…
—Si el Turón se encontrara entre la gente libre —continuó en un susurro, como si hablara consigo mismo—, entonces cualquier imberbe serÃa más importante que él.
—Pues aféitate la barba.
—¿Y de qué sirve una barba? Un barba es como la hierba, la puedes cortar.
—¿Y entonces a qué te refieres?
—Mira, la cosa es asÃ: el Turón se encontrarÃa de buenas a primeras entre comerciantes; los comerciantes viven bien, eso no lo niego, y tienen barbas.
—Pero ¿no te dedicas ya al comercio? —le pregunté.